Hoy me gustaría compartir con vosotros algo de historia, un poco truculenta y bizarra, pero debemos apelar a que eran otros tiempos y dado que no había televisión, tenían que buscar alternativas.
En este caso me centraré en la convulsa Península, del s. XIV, trás un matrimonio concertado, entre Pedro I de Borgoña y Constanza Manuel de Castilla, surge el amor entre la prima de esta última, Inés de Castro, y el todavía infante luso, tras la muerte de Constanza en el parto de su tercer hijo, la relación entre Pedro e Inés se estabiliza, con el paso de los años incluso llegan a contraer matrimonio. Hasta aquí todo parece una hermosa historia de príncipes y princesas con sus amores y desamores, el problema reside en la mezquindad de algunos hombres nobles.
En este caso me centraré en la convulsa Península, del s. XIV, trás un matrimonio concertado, entre Pedro I de Borgoña y Constanza Manuel de Castilla, surge el amor entre la prima de esta última, Inés de Castro, y el todavía infante luso, tras la muerte de Constanza en el parto de su tercer hijo, la relación entre Pedro e Inés se estabiliza, con el paso de los años incluso llegan a contraer matrimonio. Hasta aquí todo parece una hermosa historia de príncipes y princesas con sus amores y desamores, el problema reside en la mezquindad de algunos hombres nobles.
En 1355, el rey Alfonso IV “El Bravo”, padre de Pedro, había trasladado su corte a Montemor-o-Velho. Varios personajes influyentes, enemigos de la familia De Castro, persuadieron al rey de que era preciso disminuir las pretensiones de aquella casa poderosa que se hacía temer tanto en Castilla como en Portugal. El rey prestó oídos a los conspiradores, quienes le dijeron que el medio más seguro era asesinar a Inés, quien terminaría por subir al trono de Portugal. Los principales instigadores de este atentado fueron tres hombres: Alonso Gonçálvez, Pedro Coelho y Diego López Pacheco. Dudó el rey Alfonso, pues sabía que eso pondría en peligro a su nieto, el hijo de la difunta Constanza, y además consideraba cruel matar a una mujer inocente, que además era su nuera, y a quien su hijo adoraba.
Tras un fatuo intento del Rey, que se apiadó de su nuera, intervinieron los nobles lusos que pidieron al rey Alfonso que permitiera que se ocuparan ellos mismo del asunto. Los hombres fueron al convento donde esta residía con sus hijos, entraron donde estaba Inés y empezaron a apuñalarla delante de sus hijos. Como no moría, la arrastraron del cabello hasta los jardines del convento. Siguieron apuñalándola; Inés gritaba de dolor y luchaba por su vida. Sus hijos seguían observando la escena. Exhaustos, los hombres comenzaron a cortarle el cuello con sus cuchillos. Inés seguía debatiéndose y con cada grito y cada respiración, brotaba un chorro de sangre de su garganta. Entre los tres usaron sus armas hasta casi cercenar la cabeza de Inés. Bañados en sangre, montaron sus caballos y se marcharon.
Cuando el infante Pedro se enteró, enloqueció y tomó las armas contra su padre, tras años de guerras que dejaron su huella en el reino, el rey Alfonso murió agobiado por el peso del odio de su hijo que, a su muerte, ascendió al trono de Portugal. Había combatido y derrotado a su padre y ahora tenía el poder en las manos. Lo primero que hizo fue buscar y capturar a los asesinos de Inés; uno de ellos consiguió escapar. Los otros dos fueron capturados. Pedro de Portugal ordenó que a ambos se les torturara durante días en las mazmorras del Castillo. Una vez que sus cuerpos estaban rotos y sangrantes, Pedro Coelho y Diego López Pacheco fueron llevados a la plaza pública, donde expiaron de un modo terrible su crimen: al primero le fue arrancado el corazón por el pecho, y al segundo por la espalda. Una vez arrancado el corazón, cada uno tuvo aún unos segundos de vida para ver cómo, frente a ellos, el rey tomaba sus corazones y les propinaba un profundo mordisco. Luego, sus cuerpos fueron colgados hasta que se pudrieron. Esto le valió el sobrenombre con el que sería conocido: Pedro I “El Cruel”
Pero hasta aquí, no es más que una historia típica de venganza, lo bizarro pasaría tras la venganza, enloquecido por el dolor, la guerra y la venganza, Pedro de Portugal ordenó exhumar el cadáver de Inés. Apenas mirarla, se inclinó sobre el ataúd abierto y beso los labios descarnados; años después, este hecho sería retomado por Charles Perrault para escribir la historia de la Bella Durmiente del Bosque. Pero la realidad no tenía nada de hermoso: en un acto enfermizo, dio instrucciones de que vistieran el cadáver putrefacto con la ropa de gala que se utilizaba en la coronación real; esto incluía las costosas joyas de la corona. Pedro entonces la sentó en el trono de la reina, ubicado junto al suyo, y organizó una ceremonia donde la hizo coronar ante todos sus súbditos, que no daban crédito a lo que veían.
El cuerpo podrido de Inés de Castro vestía de gala y el rey incluso se permitió el detalle de besar en los labios al cadáver. Debido a que el hedor era insoportable, rodeó el cuerpo de Inés con numerosas vasijas llenas de incienso y perfumes exóticos. Por pudor, el rostro de la reina fue cubierto con un velo negro, pero esta tela no alcanzaba a ocultar las cuencas vacías, ni el rostro deforme y podrido del cadáver. Después obligó a los cortesanos a que le rindieran pleitesía a la muerta; todos tenían que darle los honores debidos a una reina, entre ellos besar su mano. El cadáver permaneció allí por años, ante la mirada horrorizada y asqueada de sus hijos y súbditos.
El amor de Pedro a Inés, aunque enfermizo es digno de admiración, he decidido transcribir casi todo fielmente, pues de otra forma no se podría apreciar la esencia de esta historia.
Espero que os guste, pues a veces la historia no es para nada espesa.
Tras un fatuo intento del Rey, que se apiadó de su nuera, intervinieron los nobles lusos que pidieron al rey Alfonso que permitiera que se ocuparan ellos mismo del asunto. Los hombres fueron al convento donde esta residía con sus hijos, entraron donde estaba Inés y empezaron a apuñalarla delante de sus hijos. Como no moría, la arrastraron del cabello hasta los jardines del convento. Siguieron apuñalándola; Inés gritaba de dolor y luchaba por su vida. Sus hijos seguían observando la escena. Exhaustos, los hombres comenzaron a cortarle el cuello con sus cuchillos. Inés seguía debatiéndose y con cada grito y cada respiración, brotaba un chorro de sangre de su garganta. Entre los tres usaron sus armas hasta casi cercenar la cabeza de Inés. Bañados en sangre, montaron sus caballos y se marcharon.
Cuando el infante Pedro se enteró, enloqueció y tomó las armas contra su padre, tras años de guerras que dejaron su huella en el reino, el rey Alfonso murió agobiado por el peso del odio de su hijo que, a su muerte, ascendió al trono de Portugal. Había combatido y derrotado a su padre y ahora tenía el poder en las manos. Lo primero que hizo fue buscar y capturar a los asesinos de Inés; uno de ellos consiguió escapar. Los otros dos fueron capturados. Pedro de Portugal ordenó que a ambos se les torturara durante días en las mazmorras del Castillo. Una vez que sus cuerpos estaban rotos y sangrantes, Pedro Coelho y Diego López Pacheco fueron llevados a la plaza pública, donde expiaron de un modo terrible su crimen: al primero le fue arrancado el corazón por el pecho, y al segundo por la espalda. Una vez arrancado el corazón, cada uno tuvo aún unos segundos de vida para ver cómo, frente a ellos, el rey tomaba sus corazones y les propinaba un profundo mordisco. Luego, sus cuerpos fueron colgados hasta que se pudrieron. Esto le valió el sobrenombre con el que sería conocido: Pedro I “El Cruel”
Pero hasta aquí, no es más que una historia típica de venganza, lo bizarro pasaría tras la venganza, enloquecido por el dolor, la guerra y la venganza, Pedro de Portugal ordenó exhumar el cadáver de Inés. Apenas mirarla, se inclinó sobre el ataúd abierto y beso los labios descarnados; años después, este hecho sería retomado por Charles Perrault para escribir la historia de la Bella Durmiente del Bosque. Pero la realidad no tenía nada de hermoso: en un acto enfermizo, dio instrucciones de que vistieran el cadáver putrefacto con la ropa de gala que se utilizaba en la coronación real; esto incluía las costosas joyas de la corona. Pedro entonces la sentó en el trono de la reina, ubicado junto al suyo, y organizó una ceremonia donde la hizo coronar ante todos sus súbditos, que no daban crédito a lo que veían.
El cuerpo podrido de Inés de Castro vestía de gala y el rey incluso se permitió el detalle de besar en los labios al cadáver. Debido a que el hedor era insoportable, rodeó el cuerpo de Inés con numerosas vasijas llenas de incienso y perfumes exóticos. Por pudor, el rostro de la reina fue cubierto con un velo negro, pero esta tela no alcanzaba a ocultar las cuencas vacías, ni el rostro deforme y podrido del cadáver. Después obligó a los cortesanos a que le rindieran pleitesía a la muerta; todos tenían que darle los honores debidos a una reina, entre ellos besar su mano. El cadáver permaneció allí por años, ante la mirada horrorizada y asqueada de sus hijos y súbditos.
El amor de Pedro a Inés, aunque enfermizo es digno de admiración, he decidido transcribir casi todo fielmente, pues de otra forma no se podría apreciar la esencia de esta historia.
Espero que os guste, pues a veces la historia no es para nada espesa.
Documentación: Historia completa, Pedro, Inés


No está nada mal narrado, Mr. Nyarlathotep... Por cierto, que la mujer cornuda en esta historia, Constanza, se daba cuenta de los cuernos que tenía, y para cortarles el rollo a los dos tortolitos, le dijo a Inés que fuera la madrina de su primer hijo, a ver si se cortaba un pelo. Su primer hijo espichó en breves meses, y el ardid no funcionó. Así que ahí fue cuando intervino el rey, Alfonso, y desterró a Inés, porque tampoco era cuestión de tanta cornamenta. Por lo que se ve no se cortaban ni un pelo.
Total, que la pobre Constanza muere en el parto de su tercer hijo, Fernando el Hermoso (no confundir con Felipe el Hermoso...) y Pedro puede finalmente traerse a Inesita, a la que siempre quiso, para dar paso a la historia narrada...
Por cierto, que el papi Alfonso quería organizarle otro bodorrio al chaval con una princesa de sangre real, pero Pedro se negaba y el pobre Alfonso se tiraba de los pelos porque veía como el único hijo varón legítimo que había tenido (Fernando el Hermoso, recordemos) era debilucho, mientras que los hijos de Inesita (Alfonso, que cascó pronto, Juan y Dionisio) debían ser Tarzán de los monos y Conan el Bárbaro y eran una amenaza para el heredero legal... Vamos, que el abuelo andaba haciendo cálculos dinásticos, actividad típica y lucrativa por aquellas fechas.
Por cierto, tampoco Pedro fue excesivamente necrofílico... Todavía le dió tiempo a tener una nueva amante, una portuguesa llamada Teresa Lourenço, que terminó de darle otro retoño...
P.D.- En aquel entonces estaba Pedro I el Cruel de Castilla, que será el que le envíe a los asesinos de su amada, que andaban refugiados por Castilla... Hay gente que es tontísima... ¿No se dan cuenta de que el nombre es el mismo? Por algo será... Por cierto, que al Pedrito castellano también le iba la marcha amorosa... Y ya vale, que me lío con la historia, y me dan las uvas del 2011...
¡¡Expléndido!!
Me gusta su crítica constructiva y me gusta que se refleje aquí, no he puesto datos aportados por usted por no hacer una entrada demasiado pesada, pues lamentablemente no todo el mundo es un adicto a la historia como parece ser que somos nosotros Querida, por lo tanto extraje lo más contundente de manera que hiciera mella en sus mentes.
En cuanto a Inés, reconozco que la necrofília no fué consumada de la manera en que pensamos, más bien Inés se convirtió en una causa un enfermizo fin de Don Pedro, no dudo que acabara saciando los placeres carnales con carne prieta en vez de con un compendio de polvo y decrepitud, yo al menos así lo haría, también veo lógico y práctico el comportamiento de desechar ciertas mujeres, no obstante hay algo romántico siempre en todo esto, antes de Constanza, de la cuál si que llegó a estar enamorado, desecho a otra jóven por su precaria salud, pero no cabe duda de que se enamoró de Inés por alguna buena razón, y tampoco me extraña que sus dos hijos fuesen unos armarios empotrados, ya la madre parecía una mujer dura, pues entre tres hombres tardaron lo suyo en asesinarla, llegando incluso a decapitarla, caso que me recuerda a Grigori Yefímovich Rasputin.
:-) Hay gente dura, y esa señora lo era, si... Y desde luego, la historia está genialmente narrada, Mr. Nyarlathotep, era sólo aportar un granito de arena al tema. Desde luego, mi narración no es comparable a la suya, cuando he tenido que explicar cosas de historia siempre parezco más una portera contando cotilleos del Hola! que un historiador digno...
Una historia de amor realmente deliciosa. Como suelen decir, a veces la realidad supera a la ficción.
Nerou, la realidad siempre supera a la ficción. Es lo bueno que tiene, y por eso este blog tiene tanto material... La parte dedicada a la ficción es muy pequeña, si la comparamos con la basada en hechos reales...
Soy un enamorado de la ciencia ficción. Por eso a veces olvido los geniales momentos que nos ha deparado la Historia. Poco a poco iremos sacando más pasajes grotescos de la historia ;-).
Dios, se me han saltado las lagrimas. por amor yo hubiera echo mas
Rackham the Red
No quiero ser pedante, pero... espléndido es con ese e Inés de Castro era una mujer. Parece que para ser cotilleador hay que ser cotilleadora que escribe, o similar, en el Hola, sin embargo para ser historiadora hay que ser historiador.
¿?¿?¿? ¿?¿?¿? ¿?¿?¿? ¿?¿?¿?
Yo no he escrito espléndido en anteriores entradas a este post, ni con x ni con s. Y desde luego que ya sabía que Inés era mujer, como creo que lo indico al decir madrina del hijo de Constanza, y no padrino.
En cuanto al resto del comentario, no sé... ¿Anónimo significa Bibiana Aído? Más que nada para saber si esa individua nos lee, porque entonces es para mandar un post especial, sugerencia que hago:
Merecen la muerte... los/las que dan el coñazo con el lenguaje sexista.
¿O acaso anónimo es precisamente periodista de cotilleos y como hombre dedicado al gremio se ha sentido discriminado?
Para ser historiador si hay que ser historiador. Hay que diferenciar entre el historiador que estudia y analiza la historia del historiador que hace cuentos.
Por lo demás este suceso no aparece en las crónicas ni en la documentación de la época y es más probable que se trate de una leyenda a que sea un acontecimiento verídico.
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